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No hay dudas. Oblak se ha convertido en el rey del Atlético. Es quien permite que el equipo siga cuarto en Liga, no haya perdido ni un partido y se ganara a un Celta que se topó con un portero salvador. Es quien todavía permite a los colchoneros soñar con estar en la pelea por los títulos cuando en enero lleguen Vitolo y Diego Costa. Quien debe tener las ideas claras es Miguel Ángel Gil Marín. Para que el Atlético de futuro no se venga abajo tiene que asegurar la continuidad del guardameta a cualquier precio. Hay que ampliarle el contrato —sin descartar que esté en blanco y que ponga él el dinero que desea ganar— y colocarle un precio a su libertad como mínimo de 200 millones de euros, en lugar de los 100 actuales que infinidad de pretendientes están dispuestos a pagar. Oblak es la pieza fundamental para el futuro y junto con Saúl los únicos que mantienen en pie la nave cholista. Incluso es de chiste que en los premios FIFA no haya ganado el de mejor portero cuando nadie discute que es el número uno del mundo.

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Pese a que los resultados acompañan, la realidad es que cada partido es peor que el anterior y ante el Celta el equipo dio una imagen triste y la última media hora prácticamente se colgó del larguero. Es algo que preocupa mucho y que provoca que la plantilla esté llena de dudas. Saben que están lejos de los años anteriores con Simeone y ahora vienen dos reválidas decisivas. Los partidos en Liga contra el Villarreal y de Champions ante el Qarabag serán en el Wanda Metropolitano y saben que deben ganar y convencer. Los aficionados comienzan a ponerse nerviosos, sobre todo cuando comparan con cursos anteriores en los que el equipo nunca les decepcionaba.

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